Abre los ojos

Album de familia

04.12.2013 | 2 Comentarios
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El quince de noviembre de 1649 se produjo la entrada triunfal en Madrid de la nueva reina Mariana de Austria. Sobrina carnal de Felipe IV estaba destinada a casarse con su primo el príncipe Baltasar Carlos, pero su prematura muerte la unió a su tío sin haber cumplido todavía los quince años mientras él contaba ya cuarenta y cinco. Con motivo de las celebraciones se colocó en la iglesia del Salvador de Madrid un despliegue de retratos de la casa de Austria. El pueblo podía conocer así a la familia real, los cuadros se convertían en una especie de álbum de fotos.

La demanda de imágenes creada con la llegada de la nueva reina y el nacimiento de infantes y príncipes obligó a multiplicar el número de retratos y a poner en marcha un activo taller con Velázquez al frente. Este género va a tener un importante papel artístico pero también político. El intercambio de cuadros entre herederos europeos, como carta de presentación, era el primer paso a la hora de crear una red de alianzas en torno a la corte española.

Sabemos que es responsabilidad del museo del Prado difundir y profundizar en la obra de Velázquez, pero ¿qué argumento justifica dedicarle otra nueva exposición?, ¿qué tiene de nuevo?. No se trata de un recorrido general por su carrera, la muestra está dedicada a un periodo y género concreto: la pintura en torno a la segunda estancia de Velázquez en Roma y la entrada en escena de un nuevo tema, el mundo femenino e infantil . Abarca su actividad como retratista durante la década de 1650 hasta su muerte pero también  la continuación de su labor a través de Juan Bautista Martínez del Mazo y Juan Carreño de Miranda. Se trata de sus once últimos años en los el pintor alcanza la más altas cotas de calidad pictórica y novedad iconográfica.

La exposición está agrupada en diferentes secciones y la primera de ellas es De Roma a Madrid. Desde el otoño de 1648 hasta el final de la primavera de 1651 la biografía de Velázquez tiene como punto de referencia Italia, lugar que visita por segunda vez y donde se dedica a adquirir pinturas, buscar vaciados y contrartar fresquistas. En Roma sus retratos se vuelven más carnales, más humanos, menos distantes. El  mejor ejemplo es el magnífico retrato de “El papa Inocencio X”(1650), cuya intensa y brillante mirada nos persigue por toda la sala y aún cuando salimos notamos sus ojos pegados a la nuca. Frente a la distancia e inexpresividad  de sus retratos reales, el del papa es terrenal, impetuoso y hasta invasivo, estableciendo una comunicación directa e inmediata con el espectador. Su rostro enmarcado por un cuello blanco se describe de manera  precisa frente a una indumentaria, hecha con trazos más rápidos, donde los característicos grises velázqueños dejan paso a un baile de encarnados.

En la sala Las dos primas están los retratos de la reina Mariana y la infanta María Teresa que, además de madrastra e hijastra, eran primas. Debido a la sucesión de matrimonios consanguíneos se habían extremado sus parecidos físicos, también con la infanta Margarita, por eso a veces se confunden sus imágenes. Soberbio es “La reina doña Mariana de Austria” (1652) de cuerpo entero que pertenece al Prado. Compositivamente está resuelto de manera tradicional:  el brazo derecho extendido hacia el sillón y un maravilloso pañuelo blanco en la mano izquierda. Pero el pintor actualiza esa fórmula mediante los juegos lumínicos del fondo, con el bufete de la parte trasera y el reloj sobre él , y la variedad cromática de los grises, negros, platas y rojos.

El retrato de “La infanta María Teresa” (1653) es mucho más vivaz y ligero. Su extraordinario peinado, con adornos como sugerentes mariposas,  tiene un altísimo valor decorativo a pesar de su ligera pincelada que contrasta con el acabado más elaborado del rostro.

 Ocho retratos de la infanta Margarita con diferentes edades cuelgan en la siguiente estancia, bellísimo es el Velázquez del Kunsthistorisches Museum de Viena “La infanta Margarita en traje azul”(1659). Su imponente presencia ocupa todo el cuadro, los cobaltos del vestido conviven con marfiles y dorados que trepan por el cabello rubio de la retratada. Muy cerca está la magnífica pintura de “Felipe Próspero” (1659) acompañado de su perrito. El niño, en un entorno áulico repleto de sugerencias espaciales, no lleva, sin embargo, atributos reales, ni cetro ni banda, los únicos objetos que ostenta son una campanilla, amuletos y dijes que destacan sobre su marfileña vestimenta y que sirven para protegerle.

La última parte del recorrido está dedica al retrato cortesano posterior a Velázquez a través de la obra de Martínez del Mazo y Carreño. Ellos supieron renovar la iconografía real partiendo de las soluciones de su maestro. El punto de partida son siempre “Las Meninas”, que aunque no se han movido de la sala XII del museo, forman parte central de esta exposición. Mazo pinta en 1660, quizá como homenaje a su suegro, su propia versión del cuadro y, en la misma línea, está también “La familia del pintor” (1664-1665). Por su parte a Carreño le debemos el imponente “Carlos II, como gran maestre de la orden del Toisón de Oro” (1677) y una versión casi en blanco y negro de “Mariana de Austria” (1677).

En total veintinueve obras, quince de Velázquez y catorce de sus discípulos, crean una magnífica galería que sirve como recorrido por uno de los momentos cumbres de la historia del retrato cortesano. Detrás de cada cuadro hay una historia a la vez privada y pública, la de una familia -la real-  pero también la de los avatares políticos de España. Una muestra con una extensión justa y con un ritmo pausado que nos introduce, con placer, en el insuperable talento del pintor sevillano.

 

 

En la web del Metropolitan podéis descargaros gratis el pdf del catálogo de la exposición Velázquez de 1989 en dicho museo

Artículo del Journal Met

Más información

http://www.museodelprado.es/enciclopedia/

María Vera

 

  • Me ha encantado la exposiciòn y tus comentarios. El retrato de Felipe Próspero digno de ver. Gracias por tan exhaustiva explicación.
    04.12.2013
  • Acabo de leer tu reseña y estoy deseando ver la exposición. La Historia me gusta mucho y poder disfrutar de esta exposición es un lujo.
    04.12.2013
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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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