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11.09.2012 | 0 Comentarios
El zulo donde estuvo secuestrado José Antonio Ortega Lara
Tres de largo por dos de ancho. Cifras fáciles de memorizar. Cifras que podrían ser las medidas de un buen armario vestidor, de una despensa curiosita o de una lápida con pretensiones de renombre.

Tres por dos metros. Metros de medir, con sus 100 centímetros de longitud cada uno de esos metros. A este fragmento de espacio oblongo se redujo el universo en el que vivió un hombre cualquiera, un ser humano como ustedes o como yo, durante 532 días con sus noches. No hace falta que les de muchas más pistas para que deduzcan que me estoy refiriendo a José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones que un 17 de enero de 1996 fuera secuestrado en el garaje de su propia casa en Burgos y que fue torturado durante año y medio por terroristas de ETA en un zulo de Mondragón.
Les cuento estos pormenores porque, a propósito del reportaje que recientemente hemos elaborado en Dossier Treinta Minutos, “Bolinaga: la trampa humanitaria”, he tenido la ocasión de visionar, íntegra, la primera entrevista que José Antonio Ortega Lara concedió a un medio de comunicación después de su secuestro, una entrevista emitida en directo en el espacio Diario de la Noche de Telemadrid el 29 de enero de 2007.
 
Al margen del carácter extraordinario e histórico de aquella exclusiva periodística, llama la atención el momento en que fue realizada: nada menos que 10 años después de Ortega Lara fuera liberado de su secuestro a manos de ETA. Nastascha Kampusch o Ingrid Bettancourt, dos ejemplos célebres de víctimas de secuestros terribles, tardaron mucho menos de diez años en afrontar el trago de rememorar su drama ante los medios de comunicación. La primera incógnita que surge es, pues, qué clase horrores vivió José Antonio dentro de aquel ataúd de Mondragón (porque aquel zulo es lo que era, un ataúd) para que hicieran falta diez años antes de poder hablarle al mundo de su tragedia.
 
Escuchando esta magnífica entrevista que Dragó le realizó a Ortega Lara en 2007, se me ha puesto (de nuevo) un nudo en la garganta: no hay nada como imaginarse a uno mismo en esa situación para ahogarse de pavor: Ortega Lara, extirpado de tu entorno a punta de pistola, abducido hacia los abismos del aislamiento y la humillación extrema, enterrado en vida, separado, oscurecido, amedrantado, reducido a carne y a objeto de intercambio… imaginar cómo debieron ser sus 532 días con sus noches es la mejor forma de que comprender por qué 3x2 metros cambian a un ser humano para siempre. Le cambian tanto como para que Ortega Lara, durante su cautiverio, a pesar de ser un hombre de hondas convicciones religiosas y profundamente enamorado de su familia, llegó a planear su suicidio para escapar de su tortura.
 
Y estos días, dándole vueltas al material de archivo para preparar el reportaje sobre Bolinaga, volví a visionar aquella crónica que, poco después de la liberación de Ortega Lara, realizó nuestro compañero Javier Mayoral a pie de zulo, ¿qué digo a pie?, dentro del zulo, y escuché de nuevo la voz ahogada del periodista de raza, del enviado especial sobrecogido por la profundidad del mal; y sentí como si yo mismo estuviera allí dentro mientras explicaba a los espectadores la angustia de estar allí encerrado un solo minuto, un solo minuto con todos sus segundos, en aquellos 3x2 metros de aire viciado y húmedo.
 
Yo les aseguro que zambullirse –siquiera por un rato- en el recuerdo de lo que dieron de sí aquellos 3x2 metros malditos sirve para entender muchas, muchas cosas.

  

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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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