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¿Cuál es el secreto?

06.04.2011 | 1 Comentarios
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¿El frame? Españoles asfixiados por la crisis económica y el paro que han marchado a Alemania para buscar trabajo. Ya se pueden imaginar que el reportaje de Treinta Minutos de esta semana no ha sido otro que la versión televisiva, actualizada y documental del tradicional “¡Pepe, vente para Alemania!”. En concreto, el programa ha sido testigo de cómo se ganan la vida once españoles emigrantes que han encontrado trabajo cualificado en ciudades como Frankfurt, Colonia, Heidelberg o Leverkusen.

En la actualidad, más de 60.000 españoles ya han hecho lo mismo que los protagonistas del reportaje y han emigrado hacia Alemania en busca de un futuro mejor.

Al margen de que yo me alegre por su iniciativa, por su valiente decisión de cabalgar a lomos del destino tomando sus riendas, al margen de que económicamente nos venga a todos de perlas tener a esos miles de compatriotas bien colocados, reduciendo, por tanto, las listas del INEM, además de todo eso, he de confesarles que el hecho en sí de su partida me parece una magnífica noticia que puede revertir en una futura inversión de excelentes beneficios para España.

Esa inversión no es otra que las cosas que esos 60.000 españoles están aprendiendo en Alemania. 60.000 españoles que, tal vez, algún día, cuando se apacigüen las aguas revueltas del mercado laboral y las torrenteras turbias de la crisis, seguramente, volverán a casa.

Yo, qué quieren que les diga, cuando esos 60.000 queridos míos vuelvan a España deseo recibirles personalmente. Sí, sí, han leído bien. A todos y cada uno, cuando y como sea: 60.000 recibimientos, ya regresen en avión, en tren o autobús, en coche o a pie; me da igual: “¡bienvenido, bienvenida!” –les espetaré, congratulado- a cada uno de los 60.000.

¿Qué por qué he de tomarme tantos afanes?

Como se pueden imaginar, mi ofrecimiento no es desinteresado. Pronto comprenderán ustedes el porqué: quiero que, a cambio de mis flores de bienvenida, ellos, los 60.000, me cuenten algo: quiero que me revelen un secreto: el secreto alemán.

¡Quién no ha oído hablar de ese secreto, del “milagro alemán”! Quién no ha oído hablar de la capacidad de ese país de salir adelante en medio de las dificultades, de remontar frente a la adversidad. El milagro alemán, esa virtud de recuperación, a la fuerza, se lo digo yo a ustedes, tiene que ser un secreto. Porque si no fuera un secreto el secreto alemán, así íbamos a estar nosotros, los de aquí, al borde del precipicio

¡De qué!

Por eso, quiero que los 60.000, cuando vuelvan, me expliquen de qué sustancia está constituido el secreto. Todo secreto se compone de alguna sustancia; en definitiva: de materiales. Y, digo yo, que la composición de esos materiales, por rarísimos o escasos que sean, podrá segregarse, analizarse, destilarse, en una probeta o en un crisol (españoles ambos, por supuesto).

A mis 60.000 compatriotas les preguntaré, por ejemplo, (de primera mano deberán saberlo) cómo distribuyen los alemanes su tiempo laboral, su jornada; como concentran los germánicos las horas de trabajo y cómo, trabajando, se concentran en las horas de trabajo. Quiero que mis compatriotas regresados me revelen cómo son los misterios teutones de la labor en equipo, de la tormenta de ideas, del contraste y de la confrontación de perspectivas afines y diversas. Quiero que nuestros regresados me narren con detalle la fórmula germana del orden, de la estructura, de la puntualidad, del silencio durante la escucha del otro y del respeto al contrincante.

Quiero, aunque sea abusar un poco de su paciencia de recién llegados, que los regresados me describan cómo es la pasión alemana por las cosas bien hechas, por el trabajo bien acabado, ejecutado en tiempo y a tiempo. Quiero que me cuenten qué es eso de sentirse parte de un todo, y qué es también aquello otro de sentirse orgullosos de lo particular y de lo general, de lo singular y lo universal.

Si lo pensamos bien, 60.000 españoles regresados son muchos españoles. Por eso, lo que en Alemania hayan aprendido, lo que del secreto alemán consigan contarnos cuando vuelvan, puede hacernos mucho bien. Porque miren: aquí o allá, diseminado el secreto por Cádiz, Madrid, Oviedo, Tarragona, Vitoria, Albacete, Las Palmas, Cuenca, León, Orense, Barcelona, Zaragoza, etc., etc., puede convertirse en una especie de virus benigno, contagioso pero admirable, salvífico como una vacuna, que nos devuelva a los españolitos las ganas de volver a creer en nosotros mismos y de labrarnos nuestro propio futuro.

  • Para mí, el secreto alemán, nunca existió. Pasé gran parte de mi vida allí. Al poco de llegar, percibí algo que, pese a mi juventud y al hecho de no haberlo experimentado nunca, supe que añoraba; sentí que aquél país iba a cambiar algo dentro de mí, para siempre; ese algo se llamaba: resilencia. Todo lo que aprendí durante aquellos años fue duro, pero inolvidable: tesón, esfuerzo, voluntad, renuncia, entrega, pasión, rectitud, respeto...
    17.05.2011 alias
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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