Abre los ojos

¡Aquellos locos años 20!

15.05.2014 | 0 Comentarios
museotrajemadrid

La pasada semana volví a visitar el Museo del Traje en el que no había estado desde hacía unos años. Como sabréis, está situado en pleno campus de la Complutense, ocupando el espacio del antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo. Es un edificio que se eleva en mitad del enorme jardín, un auténtico oasis de paz entre el tráfico de las carreteras que lo rodean.

Una amplia escalera nos lleva al hall donde comienza la visita. Lo primero que me llama la atención es la escasa luz que hay en las salas que intuyo se debe a las necesidades de conservación de los tejidos. Paseo entre vitrinas que exhiben frágiles telas antiguas, maniquíes masculinos con casacas, chupas y calzones y me mareo con los nombres de las prendas femeninas: jubones, basquiñas, cotillas, tontillos. Guantes de cabritilla que visten las manos o imposibles zapatos que visten los pies. Sombreros y sombrillas, que no hacen sino darme cada vez más calor. Y leo en las cartelas cómo triunfa el miriñaque - que se me antoja como una jaula para mujeres-  y cómo luego lo sustituye el polisón que creaba en nosotras esa especie de perfil gallináceo. Telas y más telas - maravillosas todas - sedas bordadas, drapeados, encajes, borlas y flecos. Cuando ya me siento asfixiada y a punto del desmayo por tanta estrechez, noto una cierta liberación cuando los rígidos corsés se van transformando en fajas más parecidas a las actuales.


Por fin respiro profundamente al entrar en las salas dedicadas a  “Vanguardias y moda (1914-1939)”. La primera vitrina nos habla de la “libertad de las formas” y en ella se exponen abrigos en terciopelo de seda, cayendo rectos hasta media pierna y capas que se ponen muy de moda. Unos tienen aires militares y otras parecen chilabas turcas o persas, pero todos los trajes de estos años se caracterizan por su sobriedad y su comodidad. Recordemos que el prototipo de los años 20 es una mujer estilizada y dinámica que se identifica con el “estilo a lo garçon”: con pelo corto, algo andrógina y que ocultaba las curvas; se reduce el volumen del pecho y se desplaza a la cadera la línea de la cintura. Se las conocía como flappers debido al ruido que hacían sus zapatos al andar de manera decidida.

Precisamente en otra de las vitrinas de la sala titulada ”De pies a cabeza” se exponen algunos ejemplos de estos zapatos tipo salón con un tacón de forma cóncava bastante cómodo. Unos eran de piel y los más elegantes estaban forrados de tejidos, como los de brocado de plata cerrados en ambos laterales con botones de strass, imitación de brillantes y con dos ojales. Junto a ellos hay otros complementos: los sombreros tipo cloche  poco favorecedores pero prácticos porque eran de ala pequeña y se encajaban por completo en  la cabeza. El más bonito es el adornado con bordados y unas plumas de color marrón y naranja. Además estaban los bolsos de fiesta y las carteras. Estas últimas solían ser rectangulares; algunas de las expuestas son de piel labrada  y en ellas se llevaban el maquillaje o los documentos.

 

Eran mujeres que disfrutaban de la vida, practicaban deportes y viajaban. Por eso otro de los tableaux recrea todo lo que rodea a los viajes y su relación con la moda. Se expone el elegante maletero de un Rolls Royce y en el suelo hay baúles de madera con las iniciales grabadas, sombrereras o maletas.


Esta nueva Eva fumaba y bebía, escuchaba  jazz  y acudía a los locales nocturnos, los cabarets, inundados por la música del charlestón. Para bailar los nuevos ritmos, los vestidos se sueltan dejando atrás los encorsetados trajes de noche. En la vitrina “Años locos” los modelos dejan ver las rodillas, los tejidos son flexibles y se bordan con lentejuelas y pequeños cristales que se agitan violentamente al son de la música.

La decoración en la ropa y los complementos está llena de influencias de las vanguardias artísticas. Se sustituyen las curvas por un sistema ornamental basado en la línea recta, una decoración geométrica en bandas horizontales. Así se adorna el primero de los trajes expuestos realizado en crep de seda negro con escote redondo y sin mangas. Para acabar, no os perdáis, en el centro, el maravilloso vestido de tul de seda de color dorado viejo decorado con un cordoncillo metálico, lentejuelas y bolitas, que dibuja arcos lobulados y otros motivos típicos orientales.

A partir de aquí nos esperan salas maravillosas con los grandes hitos de la moda y los trajes de nuestros más famosos diseñadores que sin duda merecen otras visitas.
 

La evolución de la indumentaria va unida al devenir de la historia, a sus cambios sociales y también culturales; el arte influye en la moda y la moda se convierte en arte. Como decía el gran Balenciaga: “Un modisto debe ser arquitecto para los planos, escultor para las formas, pintor para el color, músico en la armonía y filósofo en el sentido de la proporción”.

Encontraréis más en http://museodeltraje.mcu.es/

 

María Vera
 

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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