El hijo de Adolfo Suárez anuncia que la muerte del expresidente es "inminente"

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Adolfo Suárez

Informativo mediodía

| 21.03.2014

Adolfo Suárez González, el presidente de la concordia, cuyo estado de salud ha empeorado en las últimas horas, fue capaz de proyectar su ambición personal y transformarla en la de todos los españoles para romper las ataduras del franquismo y abrir las puertas a la democracia en España.

"He sido un buen servidor del Estado y de los españoles", declaró en 1995 al ser preguntado por su labor al frente del Gobierno, en un programa de televisión en el que elogió la figura del Rey que le dio la oportunidad de ser lo que más le gustaba y en el momento más complicado. "Le quiero mucho", reconoció entonces Suárez, porque al decidir nombrarle presidente del Gobierno, el Rey se jugó "casi el reinado" y porque le mostró su apoyo cuando "estar a mi lado era casi un acto de heroísmo".

Al igual que Don Juan Carlos, Suárez poseía simpatía, don de gentes y, sobre todo, empatía. Tres cualidades clave para dirigir el cambio político de la dictadura -donde comenzó su carrera política, lo que le permitió conocer el régimen desde dentro- a una democracia joven que, en esos años, no supo valorar su figura. Ambicioso, joven e inexperto, Suárez recibió entonces las críticas de todos, los provenientes del franquismo y los que, tras él, protagonizaron también la Transición, a quienes tuvo que demostrar que apostaba igual que ellos por la democracia.

Y lo hizo gracias a un carisma que todos le reconocieron. Por encima de todo, Suárez poseía encanto personal, poder de seducción. El que necesitó para que todos hicieran concesiones al otro, para que cedieran en favor del futuro que hoy vive España.