A los toros

No es un milagro, es Padilla

22.03.2012 | 0 Comentarios
Juan José Padilla volvió por todo lo alto abriendo la Puerta Grande de Olivenza

Aquel 7 de octubre de 2012, -parece que ya ha pasado una eternidad de aquello-, los informativos de medio mundo daban la escalofriante imagen de un hombre sujetándose media cara arrancada por la certera embestida de un toro. Las primeras impresiones resultaron ser desalentadoras. Aquel hombre, aquel torero, -y esa fue la clave-, perdía la movilidad, el oído y la visión del lado izquierdo. Su nombre: Juan José Padilla. Que no lo olvide nadie.

En la primera rueda de prensa Padilla afirmaba: “Que nadie me tenga pena. Esto ha sido un accidente. Yo ya estoy pensando en volver a los ruedos. No le guardo rencor al toro, ni a la profesión”. Tan solo tres meses después, -el 20 de enero-, el mismo torero anunciaba su vuelta: “Os prometí a la salida del Hospital Virgen del Rocío que trabajaría lo indecible y desde luego he estado en ello. Ya tengo decidido el día y la fecha. Será en Olivenza el 4 de marzo."

Para cualquier mortal, para la ciencia misma, aquello parecía un milagro. No es posible, no cabe en ningún diagnóstico clínico, que quien ha sufrido una traumatismo de similar gravedad, pueda superarlo en tan corto espacio de tiempo. Aquello parecía un milagro.

El mismo 4 de marzo, tal como el torero había anunciado, tal como nadie se lo esperaba, tal como sólo la Providencia hubiera podido predecir, el torero Juan José Padilla hacía el paseíllo y salía por la Puerta Grande en su comprometida reaparición a los ruedos.

Sí, lo sé: un milagro. Pero no, lo afirmo: aquello, lo de Padilla, lo del torero, lo del hombre superando la adversidad, no fue un milagro. Fue sencillamente Padilla. Así es Juan José. A mí me lo demostró hace años con algo que sólo él y yo sabemos. Padilla es así: afición, incapaz al desaliento; ambición: la nobleza al servicio de la superación; y carácter: la fuerza de la determinación para conseguir un objetivo. Y de fondo, como común denominador: la mente. La mente que es el quid sobre el que gravita la máxima capacidad que tienen los toreros.

No, aquello no fue un milagro. Aquello fue, -es-, Padilla en estado puro. Que nadie olvide su nombre. Como yo jamás olvidaré lo que vivimos los dos aquella noche en El Copo de Algeciras. Padilla en estado puro.

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Miguel Angel Moncholi es periodista taurino por afición y por vocación. Doctor en Ciencias de la Información y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid, Técnico en Relaciones Públicas, Diplomado en Protocolo y Profesor universitario, es Editor de Información taurina en Telemadrid, por cuyo trabajo en éste y en otro medios, como la Cadena SER, Burladero.com y un largo etcétera, ha sido premiado con una “Antena de Oro de Radio y Televisión”, dos “Premios Ondas”, tres “Premios de la Academia de Televisión”, un premio “Guillermo Marconi” y tres premios “Cossío”. Pero, su mejor premio es el contacto diario con la vida.

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